jueves, 14 de enero de 2016
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14 de Enero de 2016: Las consecuencias de los arrebatos
15:03
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Yuuto Shinji
Habían cosas que no debía volver a olvidar en la vida y una de esas cosas era: No arrojar su teléfono móvil contra cualquier pared... ni por muy apasionado que se encontrase con su pareja, ni aunque este estuviera acariciándole de esa manera agresiva que muchas veces le encendía por dentro, ni siquiera si esas grandes y fuertes manos decidían meterse entre sus muslos o a los laterales de estos para hacerle perder la cabeza. No, así tuviera que echarse un balde de agua fría... Debía recordar que el móvil era sagrado, sobre todo si dentro de él tenías la mitad de tu vida laboral de manera portátil.
Esa mañana despertó de golpe y en brazos de sensei. Poco le interesó el moverse frenéticamente para quitarse de encima los cobertores, debía ir a la sala a recoger los restos de su pobre, pobre aparato... Dramaticamente se quedó hincado frente a un telefono celular con las dos tapas abiertas, la pantalla estrellada y el interior con más descomposturas varias... ¿Y ahora qué?
En cuanto Sujk salió de la cama le metió prisa para que juntos prepararan el desayuno... en realidad él se encargó de poner la mesa mientras su novio se hacía con el fuego de la estufa. Comió lo más rápido posible sus alimentos y sin dar mayores explicaciones que "Debo ir con un técnico para que lo salve. ¡Para que me salve!" fue que salió de casa rumbo a la zona centro de la ciudad. Si o si ese telefono móvil debía quedar en condiciones para ese mismo día.
Gracias al cielo a veces corría con la suerte de que los dioses no le odiasen demasiado y se encontraba con personas capacitadas para resolverle sus problemas. Pasaban de las nueve de la noche cuando, con su equipo casi como nuevo, volvió a su hogar... En realidad no le sorprendió no encontrar a Sujk y Waccha en casa... después de todo, en medio del drama, les había abandonado sin más... Igual Sujk sabía cómo de histérico podía llegar a ser si sus problemas se relacionaban aunque fuera mínimamente con su trabajo.
Venía agotado... y quizás más estresado que agotado, la cuestión fue que nada más vestirse el pijama y cayó rendido sobre la cama. Que sensei le reclamase si quisiera... tenía sueño y vagamente percibía la clásica molestia de un dolor de cabeza. Lo mejor era evitarlo durmiendo... Ya mañana sería otro día.

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