25 DE FEBRERO DE 2014
Fue un 25 de
febrero. Aquel día había llegado por casualidad a ese lugar, mucho tiempo tenía
que no pisaba un lugar como aquel. Desde la separación de su antigua banda, no
tenía el tiempo para salir, pues prefería mil veces mantenerse trabajando para
que los recuerdos no comenzaran a ponerlo melancólico.
Fue un 25 de
febrero, que salió con ese frío ya muy de noche, ese mismo día se lo encontró,
aunque un día antes había estado pensando en “Ese castañito altanero debería estar aquí también”.
Y al parecer aquello pasó, pues volvió a reencontrarse con su compañero de
banda, aquel que lo había acompañado en varios proyectos. Fue realmente impactante tenerlo de vuelta,
aquello había sido una casualidad quizá, a lo mejor y su poder de invocación
había surgido efecto, a saber…
Aquel día, lo
encontró y decidió hablarle para saludarlo, pero al parecer Yuuto parecía estar
cambiado, puesto que le respondió de manera muy tajante, y… aún en sus
recuerdos quedaba el “Simplemente algunos no tienen lengua que les limite”. Sí,
con toda esa altanería que ese joven se cargaba encima, le fue un poco
imposible tratar de entablar una conversación, pero aquello estuvo en segundo término
cuando ambos comenzaron a hablar, incluso Yuuto parecía feliz con su presencia.
Por más
altanero que el otro pareciese, él no se iba alejar de su lado, puesto que
ahora lo había reencontrado y no dejaría pasar mucho tiempo de nuevo, Leda era de esas personas que no
quería dejar de ver, quería que fuera parte de su vida como hasta ahora
nuevamente, y poco le importaba lo que el otro le dijese al respecto. Es más,
ni él mismo se explicaba el por qué de ese sentimiento para tenerlo a su lado.
Quién iba a
creerlo, Yuuto sacaba sus sonrisa de una manera tan fácil que hasta él se
sorprendía. Fue en los próximos días que fueron a un Árcade de videojuegos,
ambos parecían unos niños, encima de todo, se retaban con los instrumentos que
a ambos les beneficiaba, y… al final, un gentío de niños, adolescentes y demás,
los rodearon, unos alentando al guitarrista, otro a él mismo, y así… Hasta que
quedaron empatados, pero claro, había un reto de por medio que había que
cumplir, según el perdedor, iría en ropa interior por el centro comercial…
Ambos habían empatado, así que cumplirían con la apuesta. Yuuto se quitó el
pantalón, él también, pero se vio en problemas cuando el menor le sorprendió
con una bermuda, ¡una bermuda! ¿Quién diablos traía una bermuda bajo los
pantalones? Él solo llevaba unos bóxers, unos en color negro y así fue llamando
la atención del agente hasta que llegaron a la salida. Había sido de sus mejores salidas con el menor…
Días después,
volvió a ver Yuuto. Él, era una persona en demasía sería, poco expresiva… y a
Yuuto parecía incomodarle un poco aquello. Amurrado como jamás nadie, éste le
pidió unas fotos, las famosas purikuras, a saber cómo funcionaban aquellas máquinas,
puesto que jamás se había tomado la molestia de salir con alguien en ellas, sus
conocidos sí, Leda sí, él no. Obviamente se había negado al principio, pero
Yuuto le salió con el comentario de “¿Por qué tengo qué suplicarte?” “¿Por qué
conmigo te has de poner difícil?” Sí, debía admitir que le costaba mucho ser
abierto con cosas emocionales… Aunque fuese Yuuto alguien de confianza, aún
había algo de esa seriedad, pero aquello se esfumó cuando por fin decidieron
entrar a una pequeña cabina. Como reacción, el simplemente dijo: “Este lugar es
muy estrecho” y Como respuesta, Yuuto le dijo: “¿Te molesta?”, claro que no le
molestaba, es que desde entonces sus nervios comenzaron a dispararse cada que
tenía al menor tan cerca. Justo cuando
comenzaban a acomodarse en la cabina, Yuuto comenzó a decirle: “Sonríe” Y así
fue, la sonrisa le fue tan sincera como espontánea desde ese momento.
Aquellas fotografías
se quedaron como recuerdo; una mitad se fue con Yuuto y otra mitad con él, y
así… su historia comenzaría de nuevo. Los viejos tiempos en Deluhi, le hicieron
ver que Leda debía estar más en su vida que menos en ella…