¿Cuan idiota se podía ser cuando se estaba enamorado? Por
favor, que se lo preguntaran a él porque podía dar una y mil situaciones en las
que se había comportado como tal frente a su pareja. Gran ejemplo de esto era:
Cuando le llegaban sus ataques de inseguridad acerca de… ¿Y si a Sujk terminaba
convenciéndole la idea de volver a salir con una mujer? ¿Y si resultaba que él
no acababa de llenar todas sus expectativas de pareja como lo haría una
señorita…? ¿Por qué debía de pensar todas esas cosas? Aún ahora se avergonzaba
de recordar cierta situación en específico que terminó por meterle en un
verdadero lío que, gracias al cielo, acabó de manera benéfica para ambos.
Sujk llevaba largo rato trabajando en la portátil, se
encontraban en casa y a él le había llegado un paquete desde Mie: Un
rompecabezas de demasiadas piezas para su gusto, ¿en verdad su madre pensaba
que podría armarlo? Encima no era como si pudiera pedirle a sensei que le
echase una mano, era evidente que el mayor estaba observándole demasiado… Sabía
que algo se traía desde la noche anterior en que, de manera MUY problemática,
intentó hacerle hot-cakes de cenar… al final su novio tuvo que enseñarle a
prepararlos adecuadamente. Desde la noche anterior no había estado de ánimos
para nada… y Sujk era más suspicaz de lo que le gustaría admitir. Por eso mismo
fue que no le sorprendió cuando este llegó a su lado y tomó asiento en la
alfombra, sitio en el que llevaba sentado largo rato luego de decidirse por
comenzar con el dichoso rompecabezas sobre la mesa de centro de la sala.
Iniciaron con el contorno de aquella pintura de Remedios Varo
hecha pedacitos… y ni tardo ni perezoso, sensei comenzó a joder con que fuera
honesto y hablase de una buena vez de lo que tanto le molestaba… Siempre infundiéndole
confianzas para ir a mejor con esa relación en la que, aún ahora, habían
situaciones en las que no sabía cómo carajos debía reaccionar. ¿Cómo fue que
terminó confesándole sus miedos? ¿Cómo fue que al fin pudo hablarle acerca de
que temía echase de menos salir con alguna chica? A saber, pero sensei ya
estaba aclarándole que no era para nada así la situación, que le tomaba
totalmente en serio y que… Tenía otros atributos que le gustaban más que
cualquier cosa.
¡Maldito baterista oportunista! Ya estaba yéndose directo a
acariciarle en zona peligrosa: La jodida espalda baja que ambos bien sabían le
alteraba por completo. El solo estremecimiento ocasionado por el encanto de
esos dedos cariñosos, le hizo golpear sin querer la mesa… lo poco logrado con
el rompecabezas quedó hecho nada. Él maldijo. Sujk le reprendía dulcemente al
oído por haber dicho malas palabras.
“Sujk… por favor”… ¿De qué le había servido intentar pedirle
que se detuviera por las buenas? Tampoco era como que realmente hubiera deseado
tal cosa. Por primera vez le llamaba “tonto”. Se lo merecía, justo ahora Sujk
le dejaba en claro cuánto era que le gustaba tocarle. Poco importó pedir ayuda
a Waccha… este parecía intuir cuando era el momento perfecto para dejarles a
solas. Joder… ¿Debía abordarle así luego de no haberle tocado desde antes de
Navidad? Entre más espaciados sus íntimos encuentros, más apasionados se
encontraban. Un Sujk cejeandole divertido, posicionándose encima suyo y se dio
cuenta que no había más que dejarse llevar… como ya se venía acostumbrando cada
vez que se percataba de cuanto era que su piel… echaba en falta ese par de
manos recorriéndole por completo. Toda posible replica fue acallada por los
labios hambrientos de su baterista… SU baterista.
En Tokio Disney habían hecho de las suyas, si… Pero una cosa
era una felación para saberse la razón de las expresiones de satisfacción de
Sujk y otra muy diferente era… eso. Verlo sobre su cuerpo, ansioso por sentir
las pieles de ambos, por acariciar cada rincón que su cuerpo tuviera por
ofrecerle, por atender aquel cálido interior suyo que tanto anhelaba por ser
demandado por su pareja. Ese anhelo fue el que le llevó a incitar aún más al
mayor: “No me tocas desde antes de Navidad, como que ya me estoy olvidando de
cómo es que se sienten tus manos”. Lo sabía, sensei caería con tan solo eso… y
cayó. Cayó en el mismo abismo en el que él mismo se encontraba y en el que no
deseaba perderse en solitario.
...
...
...