domingo, 18 de octubre de 2015

18 de Octubre de 2015: Resfriado... para no variar.


Yuuto Shinji 
No, no podía estar sucediendole eso a él. No ahora, no a unas cuantas horas de que comenzara la semana de trabajo. Pero estaba tan claro como el agua... no se trataba solo de los tobillos, en general le dolían los huesos y de paso un punzante dolor de cabeza parecía no querer abandonarle. No encontraba otra razón valida más que: Resfriado. ¡No! ¡Maldiciones! ¡No un resfriado! No justo cuando el día anterior se había mofado de los achaques de su novio sin ningún remordimiento. 

Terminó con el trabajo pendiente en casa y se apresuró a tomar un baño caliente que hizo que el cuarto de baño terminase con más vapor que la de una sala de sauna. Poco le importaron las miradas curiosas de su pareja, él se vistió el pijama, calentadores dobles y una sudadera encima, lo que fuese con tal de entrar en calor suficiente como para no a echar a perder aún más su salud. 

Sujk nada preguntaba y él lo agradeció. Tal vez porque el baterista tenía aún trabajo pendiente o porque de verdad no deseaba incordiarle, pero tranquilamente se fue a la habitación para encender la chimenea y de paso agregar un cobertor más encima de la cama. Al enterrarse en esta se encontró prácticamente sepultado por una enorme montaña de cobijas... Para entonces ya se había tomado una buena dosis de medicamentos antigripales que rogaba a todos los cielos para que de verdad le dieran resultados. 

Pero si había alguna clase de resultado que esos fármacos tuvieran que darle, eso sin duda era la presente somnolencia que ahora le embargaba. Pasaban a penas de las nueve de la noche y comenzaba a bostezar con ganas y los parpados le pesaban peor que si se hubiese trasnochado dos días seguidos. Quiso teclear un mensaje de texto a sensei, solo para pedirle que dejase en paz la computadora del estudio para acudir a su lado, pero nada más ver la pantalla y le hacía doler los ojos. 

Como solía ocurrir en esos casos, Waccha llevaba ya un rato haciéndole compañía, observándole curioso. Siempre atento del humano que en esa casa estuviese convaleciente... Fue su ronroneo el que finalmente le hizo caer profundamente dormido. Al día siguiente se encargaría de compensar a sensei por no haber podido esperarle despierto...


Sujk Arkhelism 
Era imposible abandonar el trabajo así como así, aún cuando Leda le había dado motivos suficientes para pensar que se sentía mal. Realmente quiso apurarse en los proyectos venideros de la semana, pero fue imposible porque terminó cediendo hasta casi la una de la mañana. Seguro que su novio ya estaba dormido, pues cuando él fue a vestirse el pijama, éste ya se encontraba en la cama. 

Preocupado, presuroso y cansado, fue que logró despejarse de tantas cosas encima. Sentado en la silla mullida del estudio, refregó su rostro contra las palmas de sus propias manos, como tratando de quitarse el sueño de encima, lo cual fue imposible. Se rindió completamente, se levantó y apagó las luces del estudio. A pasos lentos, y arrastrando los pies, fue como llegó a la habitación, allí, una montaña de cobijas con un bulto yacía sobre la cama y Waccha, estaba a los pies de quien ahora consideraba un segundo amo. Pronto se percató de que ahí, al menos por esa noche, no habría lugar para él. 

Minucioso, admiró a su novio, pero éste parecía enrojecido de la piel, por lo que no dudó en tocar esa frente. Fiebre. Tenía una leve fiebre y eso no era una buena señal. —Espero no enfermes… Espero que no… —Murmuró para sí mismo y fue al cuarto de baño para preparar una tarja pequeña con agua y un trapo, el cual humedeció. Dejó la tarja de agua sobre el buró más cercano y cuando exprimió el trapo, lo puso en la frente de su novio. Esperaba que al menos con eso bajase la fiebre. 

Él, por otro lado, bajó una cobija del clóset y arrastró el pequeño sillón mullido de la habitación para sentarse o más bien, tratar de recostarse en el lugar, a un lado de la cama donde yacía su menor. Habían más habitaciones, sí, pero prefería estar al lado de su novio para cuidarlo hasta que pudiese irse al trabajo… Valían la pena las desveladas todo por la salud de su guitarrista.

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